De un cuaderno viejo

En la fragilidad de esta habitación, donde los objetos van perdiendo lentamente el color, donde el mundo se vuelve cada vez más lejano. Suspiro deseando conseguir aquel aliento que recobre la fortaleza de mi alma. Que regrese el temple que perdió este cuerpo tan caído y cansado. Con las manos temblorosas, intentando aferrarme a la firmeza desvanecida en este rostro cansino, para sostener el lápiz y escribir como lo hacía antes, los ojos que ya no hallan luz no consiguen ver el horizonte marchito, mis pies no conciben ese camino por donde alguna vez anduvieron dudosos. Porque ahora la sobriedad del alma es otra,  distinta a la que ayer refulgía y escapaba, de seguro mañana se extingue, inconsciente de su verdadera naturaleza, de su amor, de su viveza.

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