Cumbre de una mentira

 

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He caído en el error lúgubre que marchita mis gastados pensamientos, era mejor creer en la mentira bien argumentada que tus labios recitaban de memoria para mí. Ante mis ojos, no eras más que el dulce tormento recurrente que aparecía por sorpresa en mis pesadillas para alegrarme el día.  Y es que justo cuando sentía la verdad, lamentable en tus excusas carentes de sinceridad, se atraviesa la realidad profetizando el amargo engaño, de una sonrisa fingida, de una boca pintada de mentiras,  no era muy cuestionable el verte aquí otra vez, suplicante de amor,  cuando en verdad queda un corazón del cual solo brota rencor.

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