Despertar

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Desperté en medio de la agonía de un mundo perdido, el cielo, que hace años recordaba azul repleto de nubes blancas, ahora era gris con un leve y terrible tono bronce, las nubes ya no existían, los árboles habían sido talados y devorados por los temibles dioses, ya no quedaba nada… Acostumbraba a extrañar todas aquella cosas que jamás pensé echaría de menos, el aire libre y puro, la tranquilidad de caminar por las calles, incluso comer un poco de pan con el mejor café bien cargado. Pero desde que llegó la guerra todos renunciamos sin quererlo a los grandes y pequeños placeres a los que estábamos acostumbrados. Esa vida normal, cuando “normal” se convertía en mi palabra preferida, aún no pensaba en la muerte, mi mente distraída cavilaba entre pretensiones no que llegaría a efectuar, porque ninguno de nosotros tenía un futuro a discutir, ninguno imaginaba lo que estaba por venir. La lucha que de por sí no nos pertenecía se convirtió en un símbolo, en una marca con la que debíamos convivir por el resto de nuestras vidas, si a esto se le puede llamar vida… Cuando la catástrofe inició no imaginaba que estaría en medio del caos, aún menos cuando creía que lo tenía todo y no era lo suficientemente inteligente para disfrutarlo, siempre había algo que me impedía sentirme plena del todo, y por diminuto que fuera me empeñé en sacarle provecho, tal vez sin realmente proponérmelo, como para impedirme ser feliz. Cuando lo perdí todo empecé a notar el inmenso vacío que me rodeaba, el aire con frecuencia me faltaba, llegando al punto que mis pulmones parecían a punto de explotar. El mundo había cambiado, ya no percibía la textura simple y popular de siempre, los colores perdían vigor en mi cerebro, los olores eran ásperos copos que de pronto se extinguieron. De pronto entendí que me convertía en el cambio que mi nación tanto aclamaba y yo no escuchaba, esa tonada melodiosa que repetían sin cesar ahora cobraba un sentido para mí. Ya no desconocería las armas, mucho menos el peligro latente que se extendía a mis ojos, grandes figuras negras emergieron de las sombras para obtener el control de mi ciudad, lo devoraron todo a su paso, los árboles, las casas, carreteras, mis vecinos, de pronto no había nada, salvo un desierto de horror donde gobernaba una anarquía. Los pocos que sobrevivimos fuimos llevados a campos donde apenas y nos alimentaban, trabajamos día y noche, sin poder descansar. El que más valor tenía acababa por quitarse la vida, muchas veces lo intenté pero jamás reuní las fuerzas necesarias para hacerlo. Entonces lo vi, por qué si ya no me quedaba absolutamente nada me conformaba con vivir entre las penurias y el hambre, debía escapar de allí, ayudar a quienes como yo estaban atrapados en la miseria, no era una misión sencilla desde luego pero debía intentarlo, no podía morir allí donde mi nombre no traspasaría los cuatro muros que me encerraban. Pasé meses esperando y analizando, cuando divisé una oportunidad me escabullí entre un par de guardias que cuidaban de la entrada principal, corrí y corrí, en medio de un bosque de sombras temiendo ser encontrada, era un mundo distinto, cruel, en el que no tenía ya nada, empezar en medio de la miseria representaba un reto para cualquiera. Desde entonces dediqué mi vida a los rebeldes, a ayudar a quienes me necesitaban, a llevar paz donde hubo guerra.

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