Sin arrentimiento

Sin arrepentimiento

 

El tren se detuvo con un sonido ensordecedor, mi cabeza giraba debido a lo poco que había logrado descansar durante el viaje. No dejaba de darle vueltas al pasado que      quedaba  atrás. Intenté contener las lágrimas, era un logro enorme encontrarme allí, a miles de kilómetros de mi familia y todo lo que conocía como vida. Mi futuro era en aquel lugar, aun en contra de la voluntad de todos mis conocidos y seres queridos, huía por no ahogarme en medio de la mediocridad y la ignorancia de mis iguales.

Los hombres y mujeres bajaron lentamente del vagón, afuera llovía con fuerza, por lo que la mayoría de los circulantes estaban ataviados con capas y paraguas. Yo por mi parte, no llevaba más que un pequeño baúl con las prendas que consideré relevantes para mi nueva vida. Un hombre musculoso de aspecto salvaje se acercó hasta donde me encontraba, se ofrecía para llevar mi equipaje, por mala suerte no tenía ni idea de donde hospedarme o por donde comenzar. Me recomendó una vieja posada no muy lejos de la estación,  la comida era buena, según aseguraba el mozo, y además el precio accesible representaba un lujo para mi pequeño monedero.

Subí mis escasas pertenencias con ayuda de un cochero. A veinte minutos de viaje nos hallábamos frente a un edificio de tres plantas y fachada de piedra, las ramas de los árboles formaban parte de las viejas ventanas, algunas apenas y conseguía vislumbrar.

Una mujer de prominentes caderas y rostro cuadrado me dio una seca bienvenida, no contaba con ayudantes que me asistieran para subir mi equipaje hasta el tercer piso, por lo que me vi en la obligación de hacerlo yo sola. La habitación no era precisamente una belleza, pero al menos estaba limpia y contaba con una esterilla, un lavadero y un pequeño escaparate algo primitivo. Intenté acomodarme lo mejor posible, deseaba comer algo, no recordaba haber probado bocado en al menos un par de días. Mis pensamientos vagaban lentamente en las dos últimas semanas vividas, no pretendía recordar con precisión aquella horrible pesadilla de la que por poco logré escapar.

Estaba allí en busca de mi libertad, aquella que todos me habían negado, y a pesar de no tener nada, de arriesgar mi vida, de poder ser encontrada en cualquier instante, escapé. Por mí y por nadie más, quise sentir todo aquello que me negaron, y aunque sin duda me hallaba aterrada por lo que pudiese ocurrir, nada me causaba tanto gozo como el sentirme libre.

Salí a caminar, deseaba probar el aire fresco y conocer la ciudad, todo era pintoresco y colorido, a diferencia de esa vida gris que llevaba. Me agradaba recorrer las callejuelas sin temor alguno, cruzarme con cientos de personas que no me observasen con resentimiento u odio, mucho menos con desaprobación. Determiné en sentarme en un pequeña plaza con la intención de degustar un bocadillo,  así podría disfrutar observando a la distancia a los ciudadanos que circulaban aquella tarde. Hacía mucho que había parado de llover, el sol empezaba a colarse por en medio de las nubes.

Un hombre delgado con rostro demacrado me miraba a la distancia, desvíe la vista por miedo a la intimidad que sus ojos transmitían. Lucía sereno, llevaba la ropa raída una vieja capa gris ocultaba sus brazos cruzados. Inclinó la cabeza al tiempo que se quitaba el sombrero. Sin siquiera notarlo el  caballero se encontraba sentado  a mi lado. Por unos minutos mantuvo silencio absoluto, mientras que yo, incómoda, no sabía cómo reaccionar al acercamiento.

-Yo me encuentro aquí por las misma razones señorita – su voz denotaba tal resignación, que no pude más que observarlo conmovida – buscaba una vida brillante y heme aquí.

“No tengo dinero ni joyas preciosas, tampoco vivo en una mansión. Pero cada día desde que llegué me he sentido la persona más dichosa sobre la tierra. Nadie ha comprado mi dignidad, hago lo que deseo y me gano el pan como yo solo podría. No sienta miedo señorita, el mundo le depara algo bueno.

Me encontraba atónita ante aquel desconocido, había leído en mi rostro mi pasado, y se sentía identificado conmigo.

-¿Cómo lo sabe? – deseé saber.

-¡Está perdida como lo estuve yo! – exclamó en una sonrisa – no tema, cada uno de nosotros conllevamos un destino escrito, solo hay que ser partícipe de esa maravillosa historia y dejarnos convencer, el resto vendrá solo.

Y mi historia estaba por comenzar, aquel era un simple capítulo de los muchos que empecé a escribir esa tarde. Por no temer al destino he sido la protagonista de mi felicidad, y aunque perdí mucho, ahora grito con orgullo “no me arrepiento”.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s