Una noche de esas

Una noche de esas

Una voz suave y apacible me llama a través de la oscuridad. La casa parece desierta, todos han huido o al menos se esconden de mí. Un picoteo constante me ronda en la cabeza ¿de dónde viene? Nunca lo sabré.

Despertar exaltada en medio de la madrugada no es lo peor de mi situación. El corazón a medio estallar sin diferenciar con exactitud qué ocurre a mi alrededor. Las paredes de mi habitación han desaparecido por completo, la cama, el escritorio y la silla tampoco están. Mi cerebro intenta reaccionar pero por algún motivo,  no logra procesar tanta información.

Hace frío, como nunca, solo tengo una bata blanca de algodón que llega hasta mis tobillos, la tela es fina y no ayuda para abrigarme. Mis pies descalzos, divagaban con lentitud sobre piedras y ruinas. Quiero correr pero por alguna razón me abstengo. Algo me indica que debo permanecer aquí, de pie entre las ruinas, que mis siguientes pasos no pueden ser lejos del tormentoso terreno en el que me encuentro.

Pero no hay siguientes pasos, cuando intento diferenciar un siseo constante en la lejanía, un golpe seco detona a pocos metros de donde me encuentro. Al principio no lo entiendo, el mundo parece paralizarse a mi alrededor mientras pierdo el sentido.

Vuelvo a despertar. Esta vez me siento en un suave cojín de terciopelo azul, las cosas generalmente no suelen estar tan calmadas. Un dolor profundo y constante me hace gritar de rabia, me llevo las manos al rostro, están cubiertas de sangre, mientras mis dedos comienzan a agrietarse lentamente amenazando con desvanecerse en mil pedazos. Corro para perderme, para desvanecer mi locura y así poder regresar a la realidad. Pero la realidad jamás acude a mí. Cuando estoy a punto de desfallecer, de darme por vencida, el campo empieza a girar, poco a poco al principio y luego con una velocidad deslumbrante. Me cuesta mantener el ritmo, hasta que caigo por una pendiente.

Abro los ojos, siento miedo de lo que pueda venir en esta oportunidad. La arena dorada parece cubrir los valles y lo que se encuentre más allá de estos. No hay ningún río a la vista, tampoco manantiales ni árboles, todo es seco y árido. Un grupo de personas pasan cerca de donde me encuentro, todos llevaban camisas muy brillantes de color azul y verde. Les gritó, ninguno voltea, intento seguirlos, van cantando en un idioma que no reconozco. Cuando por fin uno de ellos parece verme, todos giran en círculo hasta desaparecer en una tormenta de arena. De pronto empieza a llover, el desierto deja de ser desierto, da paso a un mar profundo en el que no queda más que flotar y dejarse llevar por la corriente.

Diviso una isla no muy lejos. Con un poco de esfuerzo podría llegar. Inhaló con todas mis fuerzas hasta que me empiezan a doler las costillas, pongo mis piernas en marcha, deseo llegar cuanto antes. Algo empieza a tirar de mi pie, me sumerge hasta el fondo, pierdo todo el aire, mis pulmones empiezan a llenarse de agua salada. Pataleo desesperada mientras todo se vuelve borroso… al parecer hoy no lo logre.

Los rayos dorados entran por mi ventana, cálidos en una mañana soleada. Todo parece estar en calma. Respiro para asegurarme que todo ha sido un mal sueño, una pesadilla, solo una noche de esas… que difícil suele ser distinguir la realidad de la ficción cuando estamos rodeados de angustia, solo queda esperar que pueda escapar en mi próxima oportunidad.

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