Honor encontrado

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“Honor encontrado”

   Daniela despertó en medio de la conmoción. El mundo asemejaba una concha marina rota sumergida en el olvido, las montañas se expandían hasta el infinito, el cielo, ahora gris y furioso lloraba dolor en medio de la tormenta de la mañana. “Un nuevo amanecer” aclamaba algunos, mientras otros, no tan contentos corrían a esconderse en sus pequeñas madrigueras, lejos del alboroto.

Los hombres se aglomeraban en las calles estrechas, algunos con machete en mano, otros con largos cuchillos filosos, por los rostros de cada uno se mostraba la señal de la cerveza, los despojos de felicidad se habían convertido en euforia, los caballos asustados corrían sin control tropezando todo a su paso.

Violadores y asesinos rendían culto a su nuevo rey, al hijo de un tirano que juraba ser implacable además de un perfecto idiota, el soberano del pueblo decía, y no era más que un vulgar ladrón de callejón. Daniela intentaba ocultarse, ya no tenía nada que perder, sus esperanzas mancillas y el alma rota la hicieron perder el miedo, unos bandidos le arrebataron su familia, el oro y la dignidad, aquellas calles en las que la justicia se escondía por las alcantarillas, los guardias corruptos se apostaban malolientes en las plazas, a espera de una nueva víctima a la que sobornar. Los cadáveres se acumulaban en las carretas, la poca comida debilitaba con ímpetu a la mermada población. El nuevo hijo de Dios hablaría desde el palco real, serían sus primeras palabras como rey y se esperaba pasaran a la historia.

Los hombres gritaron alzando las copas de vinos y las jarras a rebosar de cerveza oscura, gritaban y silbaban mientras  el gran Eduardo caminaba el por balcón con su prominente panza real, un poblado bigote se asomaba encima de sus gordos labios, mientras sus ojillos mezquinos se regocijaban en medio de la aclamación. Sonrió con aquella detestable ironía de un mentiroso, los rumores lo hacían cómplice de la muerte de su padre, el poder era su anhelo y jamás se plantearía mostrarse débil ante sus súbditos.

-Pueblo querido – anunció con voz fingida – esta noche he sido proclamado rey absoluto y legítimo de todos vosotros, el hambre y la peste no nos cobrarán un ciudadano más. He decidido tomar medidas, subiremos los impuestos hasta ahogar a los comerciantes y a los campesinos, son ellos quienes han hecho sangrar a este amada nación, no permitiremos intervención extranjera, además – hizo una pausa – acabaremos con todos los banqueros detestables que tanta miseria nos han traído.

El estallido de gritos no se hizo esperar, hacía mucho que la gente esperaba un cambio, lo que no sabían era que un renegado de la justicia no podría dársela, excluir a los comerciantes y banqueros no era la medida para acabar con las epidemias. Los hombres gritaron alzando las armas, tomarían lo necesario para desterrar a quienes culpaban de su desgracia, no importaban las muertes, los querían fuera y con los bolsillos vacíos. Quienes acompañaban al líder sonreían complacidos, escondiendo las manos sucias de sangre, el chantaje se escondía tras sus ojos y sus arcas rebosaban de oro.

De pronto el clamor cesó, un hombre alto y delgado pedía la palabra, llevaba calzas azules y camisa de seda, traslucía sencillez en una apariencia de sobriedad y quietud. Eduardo quiso ignorarlo, pero se vio con la obligación de acceder, la gente había salido a las calles,  con las manos vacías pedían la paz, la paz que el nuevo rey les negaba.

-Excluir a un grupo de ciudadanos no hará que vuestra gestión sea legítima – afirmó el hombre con potencia en la voz – debéis escuchar al pueblo y no al grupo de bandidos que os rodean, basta de los abusos de la corona. El pueblo es voluntad y la voluntad debe ser acatada – hizo una pausa, la tensión se acumulaba entre los presentes – tenemos derecho a que se nos diga la verdad, y usted no se ha ganado el poder que acaba de proclamar, es un fraude…

Un rugido ensordecedor surgió de los presentes, de pronto la esperanza se acumulaba en todos y cada uno de los ciudadanos, querían la verdad, querían una vida mejor, anhelaban la paz. Los bandidos no hallaban salida, su poder mermaba a manos de un pueblo sin armas, Daniela con el pecho hinchado de orgullo salió a la plaza, agitaba sus manos mientras una sonrisa se asomaba en sus labios, no era una lucha perdida, era el comienzo, el comienzo de un final…

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3 respuestas a Honor encontrado

  1. María Laura dijo:

    Es increíble. Lo compartí en mi FB y te nombré, obviamente. Captaste a la perfección todo lo que está ocurriendo. Al margen de eso, es exquisito como escribís. Te leo siempre. Te mando un saludo! (por cierto, soy @laaurapalooza en twitter :))

  2. Estanoche dijo:

    Precioso!! pásate por nuestro blog http://estanochehaylunallena.wordpress.com/

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