Determinación

IMG_0946

Determinación

      El aire brumoso disipaba los sueños de Agnes, tan cansada con las rodillas temblando se abrigaba con su vieja capa gris para protegerse del frío invernal. Las nubes negras amenazaban con una tormenta, pero la tempestad se ocultaba en su marchito corazón.

Caminaba sin rumbo, con la vista fija en el suelo por donde pisaba. Sus agrietados ojos ya no sonreían, sus labios secos no se movían, y dónde antes se encontraba su corazón solo quedaba un agujero negro y profundo. Sus manos acariciaban el roce suave de los copos de nieve, caían con precipitada ansiedad, posándose en sus rizos desarreglados.

Una luz distante parecía indicarle que se aproximaba a la aldea. Dudaba de que alguien hubiese notado su ausencia, un vacío tan despreocupante que se llenaba con la menor trivialidad posible. Y a pesar de la escasa importancia que parecía tener entre quienes le rodeaban, como solía ser el centro de las conversaciones de la Villa, de los chismorreos y de las atenciones de aquellos que no poseían la virtud de la bondad.

Dio vuelta al callejón y se detuvo frente a una pequeña puerta de madera cuarteada. Había vuelto a casa, su hermana, Lila, la esperaba de seguro en la cocina, preparando el pan y el vino para disfrutar de una velada amena. O tal vez su padre había vuelto, apestando a cerveza con poco sentido como para mantenerse en pie. Si tan solo Armand pudiese regresar, era el único en quien podía confiar, su pilar y fuerza, su verdad, el amor que solo encontró en un hombre sincero lleno de misericordia y creencia en los valores, en un mundo cuyo colorido empezaba a menguar.

-¡Vaya! – exclamó la pesada voz de su prima Beatriz quien acompañaba a Lila – Habéis recordado que tenéis familia, de no ser por mí, no sé cómo vuestra hermana podría llevar la casa, gracias al cielo he pasado la semana ayudando… – Bebió un sorbo de su copa al tiempo que se acomodaba el cabello a un lado – jamás imaginé que vuestro amor rayara en locura, pero ya vemos que vuestra obsesión no concibe límites, por ende todos hablan de ti.

Hizo de sorda ante el pesado comentario. Su hermana le dirigió una mirada de reproche, sin duda quería una explicación.

-Esta mañana vimos marchar a Armand – manifestó Lila – pensé que estarías allí, unas cuantas se vieron tentadas a arrojársele en los brazos, pero ya sabéis como es él.

De seguro serían un par de curiosas ansiosas por ver como el prometido de Agnes se marchaba tan pronto de la Villa. Prejuiciosas, anhelaban ver el triunfo de sus esperanzas, para nadie era un secreto que Agnes no era muy querida entre las más jóvenes del pueblo. Muchas detestaban aquellos grandes ojos azules capaces de desarmar a cualquiera, aquel cabello rojizo, como el fuego, tan llamativo que les resultaba detestable.

-Poco importa ya – replicó ella con desinterés fingido – se ha marchado y probablemente no regrese, la guerra tiende a cobrar fríamente a quienes mayor juventud y candidez conservan en el pecho…

La noche que le contó que se uniría al ejército su espíritu se quebró, sus esperanzas se desvanecieron ante sus ojos y sus ilusiones se vieron deshechas en el momento. Las lágrimas no ayudaron a disminuir ni borrar el dolor, aumentaron  una brecha en su interior imposible de cerrar nuevamente. No pronunció ni una sola palabra desde aquella noche, se limitó a marcharse sin suplicar que se quedara a su lado. Besó sus labios por última vez y abandonó la aldea desde entonces.

-Estuvo aquí – anunció su hermana bajando la voz – cada día, esperando que llegaras…

No soportaba escuchar una palabra más, se alejó hasta su pequeña alcoba dejándose caer sobre el lecho de paja. Se quitó el vestido empapado y colocó una suave bata de lino. La soledad ayudaba para evocar recuerdos tristes. Cuantas tardes junto al lago, cuantos besos disfrutados, cuantas caricias inundadas de belleza y amor… Las promesas, ahora barridas por el viento, parecían inexistentes y jamás expresadas, el futuro, borroso, se desfloraba ante sus desgastados ojos.

De seguro Armand marcharía ya bajo la tormenta, con las botas caladas y la capa mojada, con el cabello cubierto de hielo, azotado por fuertes ráfagas de viento, siguiendo a sus capitanes como un perro llevado a la fuerza.

Se levantó de golpe, decidida. Tomó una mochila y empezó a llenarla con cuanto encontraba necesario. Se puso un viejo pantalón de cuero perteneciente a su padre, de aquellos que Lila jamás le permitió usar, y una camisa blanca. Corrió a la cocina en busca de comida para llevar. Beatriz y Lila la observaban inquietas sin entender que ocurría. Cuando intentó llegar a la puerta su hermana la detuvo.

-¿No pensarás dejarme de nuevo? – le espetó furiosa – papá está próximo y no puedo hacerme cargo de él yo sola.

-Lo siento Li. Necesito irme cuanto antes – expresó ansiosa – Armand debe hallarse a no menos de tres leguas y necesito alcanzarlo.

Aquello horrorizo a Beatriz, quien se interpuso de inmediato en un arrebato de desesperación intentando impedir que la joven Agnes cometiera el error de su vida. Ir tras un hombre ir ser descubierta en medio de una campaña podría ser la peor mancha de su vida, qué dirían sus conocidos, estaba decidida a no dejarla ir.

-Ni se te ocurra – declaró –  poseemos suficiente autoridad como para reteneros aquí, piensa un poco.

Agnes comenzaba a exasperarse, se mostraba decidida a actuar por su voluntad sin que nadie tomara parte en el asunto.

-Queridas, no me importa lo que digáis o penséis, el hecho es que no pienso permanecer aquí mientras él no tenga en cuenta que lo amo, debí decirlo. Y si por ello soy una incivilizada me declaró absolutamente libre de cualquier cortesía para ustedes.

Y sin añadir una sílaba más escapó de sus opresoras. Se alejó de todo el palabreo y las falsas virtudes. Corrió en medio de la ventisca resuelta a encontrarse con el amor, a luchar con quien le ofreciera resistencia, con la determinación de ser feliz sin pensar en nadie más que quien realmente anhelaba su compañía.

 

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Determinación

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s