El lado correcto de los mortales

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El lado correcto de los mortales

       La desolación recorría campos de profundas batallas, la tierra se había partido en dos, separando mortales de los elegidos, el sol se secaba en la distancia, incinerándose a sí mismo. Solo una niebla oscura que devastaba los árboles y la vieja naturaleza  rodeaba los páramos negros cubiertos por la distancia.

Una mujer ataviada de capa negra,  echada sobre los menudos hombros, caminaba a paso rápido, con una prisa necesaria por deshacer la brecha que separaba aquello que tanto adoraba. Una luz cegadora la cubría,  aunque ella detestaba incluirse en el grupo de aquellos con extraños dones. Si bien era cierto, poseía un talento jamás visto para la sanación, no siempre su aptitud había sido utilizada en forma correcta. Aunque del arrepentimiento tal vez surgió esa mística salvación por la que ahora se hallaba recluida allí, era afortunada, o al menos eso decían, ella podría vivir y proseguir la lucha de los ángeles buenos, siempre a merced de una felicidad que ella creía necesaria y que ahora perdía para siempre.

Una joven de ojos caoba se acercó a ella, ondeaba al viento el inmaculado vestido blanco al tiempo que sus rizos dorados le caían hasta el suelo. Masticaba una naranja fresca, dejando que el juego le corriera por sus huesudas manos bronceadas.

-Es una dicha hermosa poder seguir de este lado del mundo – le dijo despreocupadamente – por nada desearía verme rodeada de seres corrientes, solo quienes poseemos luz celestial podremos continuar con la vida.

-¿Qué pasará con los demás? – inquirió  Abril  preocupada.

La sonrió complacida ante la pregunta.

-Morirán – sentenció con gusto al verse inmersa en una felicidad que nada podría disolver, se alejó a saltitos perdiéndose entre la multitud.

Abril volvió a mirar a su alrededor sin comprender qué capacidad asombrosas podrían poseer seres tan vacíos y desprovistos de sentimientos ¿Acaso ellos no perdían a nadie? ¿Acaso no les importaba? Siguió caminando con mayor confusión en su cabeza. Una voz distante sonó, era fuerte, marcada por la certeza de poder. Todos cuantos estaban destinados a la salvación posaron una rodilla en tierra a la espera de un dictamen absoluto que determinara su posición en el nuevo mundo.

Se topó con un pequeño grupo de muchachos, todos vestidos con trajes blanco y corbatines dorados, sonrieron ante la nueva presencia encontrada, evidentemente gustosos de hallar jóvenes hermosas con quienes compartir el futuro.

Eran cuerpos vacíos desprovistos de caridad, de amor, sus sensaciones se hallaban reducidas a la nada, a una superioridad creída por todos, cuando la verdad era que no existía nada en ese nuevo mundo la que pudiese retener por voluntad propia.

La brecha era inmensa, con una caída infinita que no auguraba nada bueno. Del otro lado la oscuridad reinaba impetuosa sobre las vastas colinas calcinadas, las ruinas se asomaban en lejanos pueblos convertidos en cenizas. Aun así observaba los cuerpos andantes, carentes de un falso orgullo, rodeados de sus familiares, de amigos… ¿Cómo podía ser aquel el lado maligno del mundo? Las cosas estaban de cabeza, un lado repleto de dones y talentos que acometían una desgracia insolente, conservaba por falsos corazones que eran destinados a hacer el bien. Del otro, gente corriente, sin mayor talento que el amor y las ganas de sentir afecto.

Abril quería estar del otro lado, regalaría su don de poder hacerlo con tal y volviese a estar con Klaus, no importaba cuanto bien hubiese en esa fracción a la que decían pertenecía, su corazón se hallaba atado del otro, no podía conservarse ni un minuto más, quería irse, escapar.  El amor no era perdición como parecía serlo allí, no podía hacerle mal sentir tanto por quienes estaban dispuestos a luchar por ella.

Tomó el impulso que consideró necesario. Muchos la observaban con evidente desagrado, nadie se atrevería a violar las leyes sagradas, y mucho menos, nadie querría encontrarse del lado perdido, donde más pronto que tarde todos perecerían bajo el filo de la justicia.

Abril dejó caer la capa de sus hombros, los presentes soltaron un grito ahogado al verla con un ceñido vestido violeta que desentonaba con el blanco que los elegidos  lucían allí, soltó su cabello sintiendo como el suave viento lo acariciaba con frías manos. Corrió con todo el apuro que su cuerpo le permitió, no había vuelta atrás, o cruzaba o moría en el intentó. Sus pies se aferraron al último tramo de tierra firme para dejarse caer de boca en el aire.

Su corazón se detuvo cual viejo reloj estropeado, se suspendió lejos de la tierra para volar como un ángel, cuando el impacto le dio en la cara, sintió la sangre en su boca, seguida de un martilleo constante en la cabeza.

Se puso en pie con enorme dificultad, observó que su hermoso vestido era ahora de un negro plomizo convertido en una vieja capa de carbón, entonces comprendió que no podría volver al otro lado, que moriría allí sin conocer más felicidad que la que pudiese labrar con sus manos.

Anduvo a tientas sin percibir nada más que la oscuridad, el frío inminente trepaba a sus pies escondiéndose a cada paso que daba. Klaus debía estar cerca, podía encontrarlo, necesitaba hacerlo… las fuerzas le fallaron, comprendiendo que estaba condenada se dejó caer cerrando los ojos, en cuestión de minutos no habría sufriendo que padecer…

Unas manos ágiles y reconocibles sujetaron su cabeza, una manta alivió el terrible pesar, mientras un beso tibio parecía regresarla a la vida, era Klaus, su pecho se incendió de antigua pasión, recordando porque necesitaba volver y huir de aquellas mentes deshabitadas.

-¿Por qué viniste? – le susurró con pesar evidente en la voz – yo quería que te salvaras, merecías hacerlo.

-Porque la vida allí se  asemejaba una enorme cáscara rota, desprovista de calor y posibilidad de ser feliz. Porque me di cuenta de que el lado correcto era este, quienes merecen salvarse son estas personas… y porque prefiero morir a tu lado que vivir sin ti.

Sintió el fuego de sus besos como el arma que se le da un guerrero, dispuesta a demostrar que aquel era el lado  humano que merecía salvarse, donde reinara el amor y la esperanza se mantuviera encendida.

 

 

imagen cortesía google
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Una respuesta a El lado correcto de los mortales

  1. nerealavigne dijo:

    Me encanta ❤ te sigo, escribes genial!

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