La libertad de Pierre

3710d25e804b8165cda7c91adb8fde8c

    Los halos turbios se colaban por las diminutas rendijas que abrían brecha al nuevo día, las voces acalladas, se empecinaban en crecer en un murmullo sordo, inaudible, que se expandía sobre los vastos terrenos negros, acechando la muerte próxima, intuyendo las nuevas caídas.

Se avecinaba el retumbar del acero, los gritos ciegos quebrarían con cólera el pesado silencio. Las madres, secaban lágrimas moribundas que corrían desconsoladas sobre sus pálidas mejillas, los niños alzaban los brazos añorando un último abrazo. La aldea se sumía en un abandono letal, allí, donde el poder desbocado barría la esperanza humana, donde los poderosos reyes se afanaban en burlarse de los humildes trabajadores, donde los jóvenes huían de una justicia incierta. El clamor se acercaba, con lentitud pesarosa, cargando a cuestas el sufrimiento de una nación entera, de un reino convertido en cenizas tenues.

El hambre llegaba arrasando las grises montañas altas, los ciudadanos pedían piedad, mientras los vagos maleantes se empeñaban en cobrar con violencia aquello que no les pertenecía. ¿Cómo podían vivir así? Se preguntaban cada nuevo amanecer, ¿cómo soportaban enterrar a sus hijos, sufrir el hambre, pelear por el pan? Aún intentaban responder tan inquietantes preguntas, que solo la mitad de la población llegaba a hacerse. La otra mitad, se podía dividir en tantos tercios que no alcanzaban a contarse, algunos se alimentaban de las infamias del régimen, de tratos oscuros y grandes bolsas de oro pasadas bajo la mesa. Otros, vivían de la mísera limosna ofrecida, de una lástima ajena, orgullosos de aclamar a un falso rey, a un hombre robusto sin educación y sin mayor logro que masacrar un pueblo.

Eran tiempos difíciles, se hablaba de un mejor porvenir, de una nueva vida, de un cambio abrupto que rompería las cadenas de la desdicha para llevar una paz etérea. Pero mientras se esperaba con ansias que aquello cesara, nuevas vidas eran cobradas por la espada, nuevos sueños morían a la luz de luna, a la oscuridad perpetua a la que nadie lograba sobrevivir, y los pobres habitantes se consumían, sin darse cuenta, en una desgracia alterna que solo los llevaría a un lamento ciego, inequívoco del cual ya no podrían quejarse.

Entra tanta adversidad, los supervivientes buscaban luchar, arrastrase entre la tempestad, escogiendo una nueva sonrisa con la que ampararse, buscando motivos y razones para continuar. Lessia, moría un poco cada día. Refugiada en sus pretensiones, creía observar una sociedad perdida, a gente inmoral que no podía ver más allá de la llegada de la noche. Creía ser diferente a los miles que la rodeaban, creía poder ser mejor que aquello que mostraba ante los vagos ojos presentes. Intentaba construir una versión alterna de sí misma, lidiar con los difíciles sentimientos que cada amanecer la atacaban sin piedad, entonces caía presa del miedo, se abandonaba al llanto sin sentido, se imaginaba perdida entre la soledad difusa, entre lo inmortal y lo eterno.

 Sus conocidos la instigaban a creer en una nueva causa, tantos otros, afilaban sus armas, bruñían sus escudos, agitaban las capas.

-En las guerras no han muerto tantos de nosotros como en estos tiempos – repetían con voz cansina los más ancianos.

Seguían viviendo de los recuerdos de otros hombres, ahogándose en un tiempo lento. La batalla resultaba inminente, millones de voces alzarían sus gritos al cielo, clamarían la justicia y la paz que les había sido arrebatada.

Lessia no podía evitar que el desasosiego la asaltara, temía por sus padres, por sus hermanos,  por sus conocidos, temía por él… Temía por Pierre, tantas veces le había rogado escapar, huir en busca de una mejor vida, seguir los pasos de tantos otros que se atrevieron a seguir el camino fatal solo buscando dejar atrás la muerte y la inmundicia. Pierre, por su parte, era aguerrido, feroz, añoraba vengar ese futuro que le habían robado un grupo de ineptos amantes de la política, detestaba la injusticia, el hurto, las vidas silenciadas por mero egoísmo.

-Falta menos para alzarnos, acudiremos al palacio y entonces será el fin de todo – le repetía con el ánimo brillando en sus bellos ojos.

-Por favor, abandonad esa idea absurda. La violencia no solventa nada – le repetía ella anhelando verle desistir.

Pero él la besaba prometiendo que todo iría bien. Ella se acostaba esperando que sus palabras cobraran algún sentido finalmente, solo que nada marchaba bien, cada día las oportunidades de una mejor vida mermaban ante sus ojos, el destino escapaba como el agua de sus manos, y ella, se empecinaba en ver con dolor como se acostumbraban nuevamente a las sombras.

Un rugido estremecedor arrancó a Lessia de su pesado sueño, el sol exiguo se dibujaba sobre las negras colinas, en tanto que el bullicio aumentaba alertando a los hombres que pronto se dirigían a las armas. Se asomó por la ventana echándose el pesado vestido gris sobre los hombros. El mundo desaparecía al horror, la gente corría sin rumbo, sin saber adónde ir. Sin detenerse a pensar, corrió a casa de Pierre con el corazón retumbando en el pecho, en sus ojos las lágrimas ardían percibiendo el fático final que muchos sufrirían.

Pierre no se encontraba en su casa, tampoco en la plaza. A cada paso tropezaba con mujeres despavoridas que llevaban niños en brazos, finalmente el tiempo concluía, inevitablemente el pueblo se alzaría y los reyes malditos descenderían a toparse con un ejército de ciudadanos que añoraban lo robado.

Lo vio al pie de la colina con el casco bajo el brazo, su rostro adquiría un tono rojizo por el sudor y la emoción de la batalla, miles le acompañaban, miles levantaban sus espadas al cielo con un grito de guerra que espantaría a los temerarios reyes.

No pudo desearle suerte, no pudo despedirse con un beso, cuando pretendía alcanzarlo la batalla explotó en un choque terrible de hierro y espadas. Los campos llanos fueron consumidos por el fuego, la bruma invadió los claros, las empinadas montañas, cegando a los testigos del fiero ataque. Solo escuchaban el lamento estruendoso de cientos de gargantas sofocadas.

La batalla duró hasta el amanecer, cuando el sol volvió a lo alto, las cabezas de los reyes descansaban sobre una pica en las murallas blancas. La emoción se entonó en los pechos hasta observar los claros consumidos, los cadáveres tendidos dejaban el amargo sabor de la guerra ganada, de una nueva vida obtenida. Lessia se precipitó con el alma colgando de un hilo, el nombre de Pierre desgarraba su corazón a cada grito, a cada ansia de verlo vivo.

Una voz débil respondió a su llamado, era él, pero no podía verlo, giró desesperada anhelando abrazarle y besarle, sus ojos lo encontraron tendido. Una gran herida le había desgarrado el pecho, y con pocas ansias se aferraba a la escasa vida le quedaba. Ella se tendió a su lado, a punto de estallar en llanto, pero Pierre le puso una mano escuálida sobre los labios, dibujando una triste sonrisa en su rostro mancillado.

-Hemos vencido, he dejado un mundo mejor para ti – susurró con la voz quebrada, con la mirada perdida – siento tanto no poder estar para verte encontrar cada sueño arrebatado…

-No quiero esta vida sin ti, no quiero ninguna si tú no estás en ella…

Pero Lessia debía vivir, contaría la historia de la libertad de su pueblo, llevaría el dolor grabado en el rostro hasta el final de sus días, el nuevo mundo le había arrebatado lo que más amaba, ahora iría siempre orgullosa de Pierre, entrañando volverlo a ver, esperando reencontrarse en un mundo cálido en el que la muerte no volvería a separarlos.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en historia y etiquetada , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a La libertad de Pierre

  1. YJRivas dijo:

    Historias hermosas y llenas de fantasía. Me gusta la manera en la que trasmites los sentimientos de tus personajes. Cierro los ojos he imagino tales escenas, tales sentimientos… fue encantador leerte y lo estaré haciendo muy seguido.

    • vane259 dijo:

      !Que gusto que lo disfrutaras! Me alegra leer los comentarios de quienes me visitan, sobre todo estos, porque me ayudan a continuar y seguir dando lo mejor de mi. Muchas gracias y saludos.

  2. ¡Hola! Tienes un blog precioso, creo que ya lo he insinuado antes, y es uno de mis favoritos. Por eso quiero nominarte a un premio Dardos.
    Un abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s