Las montañas que susurran

thia montaña entrada nueva

Los mares rugían con el ímpetu de los años arrebatados. El sol se escondía entre la noche turbia, esa que adormecía las tibias colinas de la luz, en las que habitaban los elfos salvajes de los ríos del ayer, que teñía de oro los vastos misterios que acontecían con la llegada de un nuevo amanecer.

El encierro se consumía en el silencio de la cotidianidad de los días. En la oscura prisión, una brecha diminuta abría paso a la luz del sol, ese preciado rayo al que Thia se aferraba. El frío consistía en los miedos rutinarios que con absoluta frecuencia se tomaban la molestia de acosarla. Y cuando la noche llegaba, el terror la sumía en la oscuridad rotunda, en esa niebla maldita que rodeaba su cuerpo hasta llevarla a la locura.

Entonces despertaba con las manos temblando y las muñecas destrozadas, el sentido solía abandonarla, y desde allí, nada alcanzaba a recordar. Thia era la encadenada del dueño del tiempo, ese hombre vil que creyendo poseer el dominio del todo, se aferró a las intenciones por condenar a la madre de todos los elfos, alejándola de las colinas de la luz, desterrándola al miedo rotundo, jurando tomar la venganza perpetua.

Con cada nuevo amanecer, el dueño del tiempo, el poderoso mago de la noche, se aproximaba a su celda para escuchar la tentativa negativa que su prisionera solía otorgar. Pero aquella mañana, cansado de esperar, se dijo a sí mismo que las cosas iban a cambiar.

-Buenos días Thia – susurró a través de una pequeña rendija – Espero que hayáis disfrutado de la plácida noche que me digne a concederte. Esta mañana me siento benevolente, y he venido a cambiar mi rutinaria propuesta.

Ella miró a través del pequeño espacio intentado de descubrir el misterio que aquella voz sepultaba, nada solía decirle, dado que el terrible hombre poseía todas las mañas que su puro corazón ignoraba.

Era un hombre dado de la magia y naturaleza oscura, con un corazón enterrado por la ambición, una que lo llevaba ansiar dominar las colinas de la luz.

-He venido para ofreceros la libertad – Añadió el otro con el regusto de su trampa – Ya sabéis de mi odio hacia todos los tuyos, pero he decidió dejaros libre y en paz, si decides otorgarme la llave de los mundos.

Thia quiso gritarle a la cara que no lo haría, entregarle eso significaba una traición para los pueblos hermanos.

-Volveré esta noche para escuchar vuestra respuesta – Y se marchó.

Sabía que no era de fiar. Que detrás de aquellas palabras se encontraban intereses oscuros, por los que negaría dar nada a cambio de su libertad.

La noche cayó con el aplomo de la soledad, y poco después se escuchó la terrible risa retumbar. Las cadenas gritaban lamentando la hosca prisión, llorando a muerte la exclusión en la que Thia solía pasar sus días.

-He vuelto por una respuesta.

El largo mutismo precedió sus galantes palabras. Ella se mantuvo en silencio, era lo único que podía ofrecerle a quien le había arrebatado su adorada libertad.

-He de tomar esto como un no – manifestó él sin mucho entusiasmo – aunque he pensado mucho al respecto, y considero que has obtenido más que tiempo suficiente aquí recluida con vuestros miedos. Pienso otorgaros una libertad distinta a la ofrecida, algo que igualmente los condene para manteneros siempre junto a mí…

¿Qué podía ser peor que la terrible tiniebla? No encontraba respuesta a ello, puesto que el dueño del tiempo podía socavar en su interior hasta roer el fondo de su locura. Thia sintió temor cuando le escuchó alejarse, podía enfrentar la negrura aferrada a ese diminuto rayo de sol, podía creerse consumida cuando su pueblo se encontraba a salvo.

Pero temía a los juegos que el dueño del tiempo podría someterla. Suficiente había convivido en el encierro como para conocer los espejismos que ocultaba su cabeza, y era precisamente eso a lo que más le temía.

La noche se fundió en el día, despertó en medio del dorado albor de la luz. Thia abrió los ojos con dificultad, la mañana helada la recibió en medio de una planicie salvaje. Otro juego de su cabeza intentando evocar los dulces días pasados. Se permitió disfrutar la lejanía, esa que con tanta frecuencia volvía en sus peores pesadillas, solo que esta era apacible y calmada.

La lluvia entonó en el misterio de las nubes grises, y ella lo agradeció conteniendo las lágrimas tristes, era como lo recordaba, igual de hermoso, igual de cálido, sin importar el viento o la brisa helada, se permitió disfrutar, sin pensar en el tiempo, en todos esos años de encierro en los que el mundo exterior continuaba siendo lo que había sido.

Y cuando creyó que sus ojos se abrirían para encontrarse con las oxidadas cadenas que la mantenían prisionera, el dueño del tiempo apareció ante sus ojos. Sostenía un viejo reloj de cadena que caía pendiendo de un fino hilo de metal.

-Todo cuanto has perdido ha sido por salvar lo insalvable. El mundo, repleto de maldad, se consume con el paso del tiempo, con el lento girar de estas agujas. Pero yo tengo paciencia, y estos ojos inmortales han visto la destrucción – Dio un paso hasta ella – jamás conseguirás libraros de mi pasado.

Thia sonrió, sin quererlo, se encontraba libre de él, y solo hasta entonces pudo apreciar el tan ansiado final.

-Mi pueblo ha nacido para sobrevivir, la luz se extiende por esas montañas en las que tú te empeñas en sembrar oscuridad…

Allí acababa el juego. Thia dio un paso y cortó el hilo que sostenía el reloj. Era el hilo que sostenía su vida. El dueño del tiempo admiró la sorprendente valentía con la que la mujer emprendía una nueva vida, renunciaba a la inmortalidad a cambio de otra libertad.

Pero no se retiraba al reino de los muertos, no, Thia aún tenía mucho por permanecer allí, y en lugar de volverse bruma, se convirtió en susurro adormecido al viento, acariciando las tenues montañas de los elfos. Así vivía en la eternidad, evocada en esa sutil libertad que tanto añoraba.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en historia. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Las montañas que susurran

  1. Aris dijo:

    Es un relato estremecedor. Su lectura no te deja indiferente porque conmueve. Por no hablar de lo bien escrito que está.👌🏾👏🏻😁😍

  2. fiorentino carlucci dijo:

    Esta bien pero creo que le sobran adjetivos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s